La resistencia legendaria de los Páeces

July 19, 2012
alerios

Con la agudización de la situación en el departamento del Cauca, y la polarización de la opinión pública respecto a la resistencia de los indígenas de cara al conflicto armado, quiero al menos poner un grano de arena transcribiendo a continuación algunos apartes del capítulo IX de la Historia de la Gobernación de Popayán, de Jaime Arroyo (escrita hacia 1862 y publicada en 1907), que trata de la infructuosa campaña de Sebastián de Belalcázar contra los Páeces en el año de 1541, y que a su vez se documenta en la Elegía de varones Ilustres de Indias del cronista Juan de Castellanos:

“Impuesto Belacázar de los tristes y terribles acontecimientos ocasionados por la rebelión de los Yalcones y Páeces, fue desde luego uno de sus primeros pensamientos ir en persona a someterlos; pero el abrir campaña contra ellos se le convirtió presto en una necesidad. Soberbios con sus victorias, tenían estos bárbaros obstruida la comunicación entre los dos valles, invadían y talaban frecuentemente los territorios vecinos, y eran una terrible y constante amenaza de la naciente Popayán. Organizó pues, el Adelantado con su genial actividad una expedición de doscientos hombres, mitad de caballería y mitad infantes, armados de ballestas y arcabuces, en la cual se alistaron los más notables de los antiguos compañeros de Belalcázar y de los posteriormente venidos al país. En ella iban Francisco García de Tovar, como segundo jefe, y como Capitanes, Baltasar Maldonado, Martín Nieto, Diego Paredes Calderón, Martín de Islas, Hernán Sánchez Murillo y Francisco de Belalcázar (el hijo del caudillo)

El ejercito se dirigió a la tierra de los Páeces por el páramo de Pitayó o de las Moras. Desde el principio de su marcha encontró hábil y bien concertada resistencia: los bárbaros le estorbaban el paso, ora apostados en los altos y pendientes cerros de que está erizada la comarca, descargando sobre él galgas, saetas y guijarros que lanzaban de sus hondas con admirable destreza, ora emboscados por partidas ligeras, matando e hiriendo uno a uno a los españoles para terror de todos, y ora, en fin, retirándole los víveres y haciéndole cuantos daños les podía sugerir su rudo ingenio. A pesar de estos obstáculos, dejando algunos muertos y cargando no pocos heridos, transmontaron la cordillera y se internaron en ese país salvaje, de cuya topografía es difícil formarse por meras relaciones una idea exacta…”


“…todo el grueso de los Páeces se hallaba fortificado en el peñón de Tálaga, elevado risco de la figura aproximada de un cono trunco, en cuya cima, bastante capaz, acampaban los salvajes con sus mujeres e hijos, abundantes provisiones de boca y grande acopio de dardos, piedras para galgas y guijarros para sus hondas. Reconocido el cerro, solo se hallaron dos lugares por donde se le pudiera trepar, uno a la derecha y otro a la izquierda, pero por senderos tan escabrosos y difíciles que era preciso avanzar en ellos valiéndose al mismo tiempo de los pies y de las manos. Considerando cuan difícil y costoso sería tomarle a viva fuerza, convidó Belalcázar con la paz a los temibles páeces; mas estos la rechazaron con arrrogancia y altivez. En consecuencia, reunió el caudillo a sus primeros oficiales y les habló, exponiéndoles cuán necesario era desalojar a esos bárbaros de su posición, mediante un vigoroso ataque; pues que toda retirada, a más de ser deshonrosa para las armas castellanas, aumentaría la audacia de los ya envalentonados indígenas y pondría en grave peligro las nacientes colonias. Como todos abundasen en los mismos sentimientos, dispuso dar el asalto en la madrugada, aprovechando las sombras de la noche para trepar el cerro.


El Capitán Nieto, con cincuenta peones debía tomar el sendero de la derecha; Tovar con otros tantos el de la izquierda, y al amanecer habrían de tener ambos coronada la altura y comenzado el combate, mientras Belalcázar con el resto de la gente atendería a las necesidades que las circunstancias indicaran. Nieto dio feliz principio a la operación, pues llegó muy cerca de la cima sin ser sentido por el enemigo y trabó con él una lucha en que le hizo no poco daño; pero luego, cuando menos lo esperaban los que con Belalcázar habían quedado, viéronle con sorpresa que regresaba en retirada al campamento…”
(y en cuanto a la partida de Tovar) “…avanzado ya el día, cansados los soldados de la marcha, secos de sed por el calor del sol y la fatiga sin esperanaza de hallar agua, rodeados por todas partes de enemigos, que naturalmente aumentaron desde que Nieto dejó de llamarles la atención por la derecha y faltos, en fin, de municiones, les fue indispensable retirarse… él y la mayor parte de los suyos sucumbieron allí bajo una espesa lluvia de piedras y dardos. Así acabó Tovar, bizarro capitán y uno de los más distinguidos tenientes de Belalcázar… murió a mano de los indios en justa expiación de la crueldad que con ellos usara.


Belalcázar, a la cabeza de los de a caballo, expuso en esta jornada incesantemente su vida, ora aquí y ora allá, según las circunstancias lo pedían; mas todos sus esfuerzos fueron vanos. Los caballos no podían obrar provechosamente en tierra tan quebrada y peñascosa, y así le faltó uno de los medios más poderosos para la victoria con que contaba en estos casos el español. En tan difícil situación la retirada le pareció el único recurso, y la dispuso por una vía distinta de la que siguiera al entrar. No se sabe si nunca, ni antes, ni después, sufriera este caudillo un revez semejante. Disminuida, maltratada y moralmente afligida, regresó la expedición a Cali.” (antes de retornar a Popayán).

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